Entrevista a Osvaldo Daicich, por Gastón Florio MEDIOS Nº11, septiembre 2011

Entrevista a Osvaldo Daicich. Co-Director de La Cocina. En el medio hay una Ley

“Lo mejor que dio la Ley de Medios, está por venir”


Por Gastón Florio
gastonflorio@elpancholacoca.com.ar

El próximo jueves 6 de octubre, se estrenará el nuevo documental de Osvaldo Daicich y David “Coco” Blaustein sobre el proceso que se generó a partir de la Ley de Medios, tomando como protagonistas Medios independientes de todo el país. “Pareciera que hoy prendemos la TV y todo lo que pasa es en Capital y en el Gran Bs. As., y no es así. Dar a conocer lo que pasa en el interior, es una apuesta súper interesante”, le cuenta Osvaldo Daicich al grabador de El Pancho La Coca –en medio de un buen mate uruguayo- al referir a su nueva creación: “La Cocina. En el medio hay una Ley”.
Dicho dúo, tuvo su bautismo de fuego hace dos años presentando: “Porotos de Soja”, un documental sobre el conflicto con las entidades patronales del 2008. Ahora, días antes al estreno de “La Cocina”, el joven Director fundamenta la idea madre de la película, y plantea desafíos interesantes para el futuro del mapa comunicacional del país: “Ahora hay que acompañarlo, y también la sociedad civil, en términos de televidentes y los nuevos Medios que se están creando, tienen que terminar de apropiarse de la Ley”.

¿Cómo surge la idea de “La Cocina”?

Osvaldo Daicich.- Bueno, básicamente con David Blaustein teníamos pensado hacer una serie de tres películas,  y cuando se termina “Porotos de Soja”, unos de los personajes de la calle, plantea: “ahora se viene la discusión sobre de la Ley de Medios”. Ya hay un capitulo, un apartado dentro de “Porotos de Soja” que trabaja la línea de los Medios. Quizás, a la distancia queda mas claro el rol, la función de los medios, y como juegan en este sistema entramado. Ya Alfredo Zaiat planteaba que había capitales múltiples dentro de esos medios, y que tenían diferentes intereses económicos.
La idea de “La Cocina” es eso. Ver el proceso que se da en el Congreso, la discusión y la extensión del pre-proyecto de Ley. También conocer experiencias Federales de “comunicación alternativa”: diarios, radios y canales de televisión que la agenda que priorizan es una agenda local y regional mirando a lo Nacional; pero no necesariamente plantea su construcción de noticias a partir de lo Nacional. Por eso, en la película, con Blaustein recorrimos esas provincias, y la idea fue no tener personajes porteños; que en la Cuidad no sea la discusión política, ir a los lugares a ver que era lo que estaba pasando, cual era su agenda, cual era su noticia, cual era su necesidad y cual era la circulación de información necesaria, como para que esa realidad exista. Que uno, si eso lo lleva a los medios Nacionales, esas mismas noticias se hacen cuando sufren alguna catástrofe grande, alguna sequía o algún accidente en la ruta; sin embargo esa vida social-económica-cultural-política de cada una de las provincias, está en la invisibilidad. Si “Porotos” hizo visibles a pequeños productores, en medio de la tensión entre “La 125” y los respectivos sectores agrarios; “La Cocina” también da cuenta, de la tensión de un proyecto que se concertó en muchísimas organizaciones, pero también con experiencias comunicacionales no centralizadas en Buenos Aires.

En la película, encontramos Medios del interior que se organizan en formas cooperativistas. ¿Cómo fue la experiencia de trabajar con ellos?

O. D.- Nosotros tenemos en la película dos expresiones cooperativistas, una es Córdoba y la otra es Santa Fe. Uno al recorrer el mapa de las provincias se da cuenta que la economía cooperativista brinda muchos servicios para resolver la vida cotidiana que desde Buenos Aires no se ve.  No se ve, porque acá están subsidiados un montón de elementos y servicios por la densidad de población. Pero para que esos mismos servicios se den en los pequeños pueblos, en esas economías a escalas más pequeñas, las cooperativas son la herramienta fundamental para que eso funcione. Entonces, todas estas iniciativas brindan desde “servicios fúnebres” hasta televisión por Cable; desde  “telefonía fija” hasta lo que puede ser un servicio de pavimento para las calles. Todos esos elementos en las grandes economías de las ciudades, desaparecen. Pero en lugares del interior, son elementos claves de la vida cotidiana. Tal es así, que hoy el movimiento económico del cooperativismo a nivel Nacional es muy importante en porcentaje dentro del Producto Interno del país.

¿Qué expectativas tienen con “La Cocina”?

O. D.- Y cuando pensamos “La Cocina” con “Coco”, la idea fue que esta película (como la película anterior) pueda circular, y que el espectador sea el que cierre la película y que tenga la posibilidad de poner “Play, Stop o Pausa” para que tenga la posibilidad de discutir con su compañero cuál es la idea, cuáles son las posibilidades de los actores que están circulando y funcionando; y que sea una herramienta de trabajo, y de cierre para la reflexión. La idea, es no pensar un discurso con una película que ya está resuelta, sino que el espectador pueda cerrar y ver, en su mapa cotidiano, qué es lo que le sirve de esa línea narrativa.

Quizás, lo anterior es coherente con lo que generó “Porotos de Soja”, y lo que sigue generando. En lo personal, ¿te sorprendió toda la riqueza, que a muchos le brindó para el debate y la reflexión su documental anterior de la “125”?

O. D.- Lo que pasa que en “Porotos”, como se dice en su  inicio, Cristina Fernández hacia muy poco que había asumido; y a sólo cinco meses, le estalla ese conflicto. Yo creo que a lo largo de  ver “Porotos” y la Ley de Medios  como acontecimientos de la vida cotidiana, pasaron muchísimas cosas. Entre las cosas que pasaron, pasó el termómetro electoral de las últimas Primarias de agosto, donde se saco más del 50%. Entonces, los contextos son otros. Pero, de todas maneras, la ventaja de “Porotos” es que salió casi contemporáneamente al conflicto. La diferencia de “La Cocina” es que desde la investigación con Vanina Farias, con Magali Coopo, más Eduardo Blaustein en el guión, pudimos darle un diálogo creativo más interesante a la hora de pensar en que importancia tenia la construcción y la circulación de los Medios para  generar también ese “capital simbólico” de la construcción de imágenes y de sonido. “La Cocina” llega hasta Tribunales y ve lo que está pasando, analiza el articulo “161” de la Ley;  pero también lo analiza con este tiempo a favor de lo que fue la gestión del gobierno de Cristina. Entonces, eso genera una especie de distancia, y permite pensar otras variables. Por eso, como herramienta comunicacional es importante, es interesante. No hablan, en esta película, referentes de la comunicación, de la sociología o de la política; hablan los que están en mandato en el Congreso y el resto son experiencias comunicacionales de tipos que trabajan diariamente para eso. Entonces, es una película que refresca desde las imágenes, sonidos y personajes de Neuquén o de Río Negro, Córdoba, Tucumán. Y todo eso le da un ida y vuelta de lo que pasa acá y allá. Es interesante ver ese diálogo y ese ritmo.

Es interesante el formato que tiene “Porotos de Soja”, respecto a su actualidad de los sucesos, y su profundidad. ¿Por qué lo siguen eligiendo para “La Cocina”?

O. D.- El “Coco” lo define como “Documental de Urgencia o de Emergencia”. Hay un hecho que está pasando y es interesante documentarlo, y aparte para eso “Coco” como productor tiene buen olfato. Es interesante documentar lo que está pasando. Por eso otra de las posibles películas, en su momento –cuando se estreno “Porotos”- era “El otro campo”. Fijate que ahora se está hablando sobre la tenencia de la tierra para frenar la extranjerización. O sea, son temas que siguen calientes, contemporáneos. Seria interesante pensar un tema, trabajar con distancia, elaborarlo y reelaborarlo. Pero cuando hay cosas interesantes, como una Ley que venia desde la Dictadura y se genera otra en la democracia, para modificar el mapa comunicacional, es interesante salir y filmarlo. Con “Coco” pensamos eso, y desde el primer día que salimos tratamos de plasmar esa importancia histórica, y que la película, con el tiempo, pueda tener esos climas de época. Vos ves “La 125” y “Porotos de Soja”, y ves la tensión que había en la época, en esa película estrenada en el 2009. Y lo mismo pasa con esta. Son como pequeñas radiografías de la situación social que es interesante poder documentar.

¿Para vos, que fue lo más importante que generó en la sociedad el debate de la Ley de Medios, aparte del cambio legal que ella propone?

O. D.- Me parece que lo mejor que dio la Ley de Medios, está por venir. Porque esta posibilidad de abrir el mapa comunicacional y conocerlo en un flujo de información de todas las provincias, rompiendo el centralismo desde Bs. As., es fundamental. Ahora, cuál es la calidad, la formación, la capacitación de esas imágenes y esos sonidos que van a salir; bueno, no es un proceso darwinista donde lo que esta evolucionado es mejor a lo que no está evolucionado, está bueno que convivan esos sonidos y esas imágenes. A partir de eso, conocer y dar cuenta de esas otras realidades.  Porque pareciera que hoy prendemos la TV y todo lo que pasa es en Capital y en el Gran Bs. As., y no es así. Dar a conocer lo que pasa en el interior, es una apuesta súper interesante. También potenció todo esto Canal Encuentro, en su momento Telesur y el programa de “Televisión Abierta” donde hay un acceso y una normativa tecnológica, y una capacidad de generar proyectos pensando en esas nuevas señales. Es interesante como se está dando un proceso de apertura y de multiplicación de voces, que no se daba antes. Ahora hay que acompañarlo, y también la sociedad civil, en términos de televidentes y los nuevos Medios que se están creando, tienen que terminar de apropiarse de la Ley.

¿Por que irías el jueves 6 de Octubre al estreno de “La Cocina. En el medio hay una Ley”?

O. D.- En principio voy por que soy el Co-Director –se ríe- junto al “Coco” Blaustein. Pero la película es interesante, que vayan y la vean en un cine para tener esa vieja magia de que se apaga la luz y el proyector se enciende, es otro ámbito también el cinematográfico. Tienen que ir a verla, para mí, por el formato del cine, que está bueno. El cine es un acto colectivo donde los espectadores se juntan. Yo creo, que esta película también va a tener esa instancia: en el cine o fuera del cine. Por eso el viernes 7, a la medianoche, la va a proyectar la Tv Publica, y después va a circular. O sea, la película va a tener su  Web, para el que no tenga ganas o no pueda ir al cine, la pueda ver; porque también es una película como herramienta.

"Boedo, Tierra Santa" por Pablo Perez SOCIAL Nº11, septiembre 2011

BOEDO, TIERRA SANTA

“Ha entrado usted alguna vez a un estadio vacío?
Haga la prueba. Párese en medio de la cancha y escuche.
No hay nada menos vacío que un estadio vacío.
No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie”
E. Galeano


Por Pablo Perez
pabloperez@elpancholacoca.com.ar  

Tenía razón Manzi al rezar que a este costado del sur ya nunca lo verás como lo vieran… Caminar hoy por el barrio de Boedo es acercarse a la leyenda de lo que fue y hoy no es. Es reconocer viuda a la vieja Avenida La Plata, sin su desaparecido esposo de metal y tablón. Algo falta desde hace 29 años.
Era 1982 y la última dictadura cívico militar argentina comenzaba a retirarse. Tras su paso dejaba un charco de sangre y silencio, una economía de rodillas y los lazos sociales fracturados. Ese mismo año era desguazado el estadio del Club San Lorenzo de Almagro. Grúas y camiones circulaban por Avenida La Plata trasportando los restos del Gasómetro.
El intendente de facto de la Ciudad de Buenos Aires, Brigadier Osvaldo Cacciatore, daba rienda suelta a sus ínfulas de urbanista y diseñaba nuevas arterias y trazados en la Capital. En el marco de su plan de reordenamiento urbano entendió que el barrio de Boedo necesitaba de la apertura de las calles Muñiz y Salcedo. Esto, sumado al plan de construcción de viviendas y escuelas en el sur porteño, le brindaba al gobierno la oportunidad de cobrarse una deuda impositiva con el Club fundado por un grupo de jóvenes bajo el amparo de un viejo cura salesiano.
Ahora bien, ¿qué otro tipo de planes estaban entreverados con estos planes urbanísticos? Los nuevos diseños para el barrio de Boedo apuntaban también a  reconfigurar –o desconfigurar- los andamios de los lazos sociales y comunitarios barriales, concretando a nivel local las operaciones para desmantelar la cultura popular y la participación social. El exterminio de los espacios de encuentro y solidaridad entre vecinos, como los clubes, eran un objetivo. Pero además, San Lorenzo se convirtió en un blanco particular, ya que había tenido una conducta políticamente “incorrecta”. Por ejemplo, se había negado a tener gestos de complicidad y aprobación al Gobierno Nacional durante la organización del mundial de fútbol del 78.  Sumado a esto, el Club nunca nombró socio honorario a ningún integrante de las armas gobernantes, como sí lo habían hecho en otros clubes, los cuales fueron altamente beneficiados durante el mismo período. Asimismo, nueve desaparecidos de San Lorenzo eran reconocidos por su práctica social y deportiva dentro de la institución, mientras otros tantos eran reprimidos por las fuerzas del orden al pedir la reapertura del club. Todos estos sucesos se entremezclaban con el recuerdo de Don Pedro Bidegain, presidente del Club que conoció la cárcel de Ushuaia en tiempos de Uriburu por estar ligado al gobierno democrático desplazado por los infames.
Claro que el objetivo político no era el único que proyectaba Cacciatore. Luego del saqueo y la destrucción, el predio de Avenida La Plata fue vendido a una sociedad fantasma constituida ad hoc al insignificante precio de U$S 900.000. Se confirmaba entonces la mentira de la reasignación urbana. La apertura de calles,  la construcción de viviendas y escuelas eran una nueva estafa de parte del intendente de facto.
Dos años más tarde y en una de las últimas decisiones de la intendencia dictatorial, el lote que supo ocupar San Lorenzo era sometido a una nueva rezonificación que ahora permitía la construcción de espacios comerciales. Poco tiempo después, se hacía del terreno una firma francesa de hipermercados por la suma de U$S 8.000.000. 
La resignación de los vecinos y los socios ante  semejante desfalco solo puede ser entendida en el contexto de la oscuridad y el plomo. Y fue así, con dolor, que soportaron  la derrota, el engaño y la pérdida, no sin guardar una esperanza apretada contra el pecho.
Cuando se cumplían 19 años del último partido jugado en el desaparecido estadio, una tarde de diciembre de 1998 el historiador y socio Adolfo Res pronunció por primera vez aquello que muchos soñaban. “Es posible volver a Avenida La Plata, es posible volver a nuestra Tierra Santa”, dijo, aunque, en pleno menemato, pocos fueron los vecinos y sanlorencistas crédulos.
Pero todo cambió con la llega de Nestor Kirchner al gobierno. La reapertura de las causas por delitos de Lesa Humanidad permitió revisar el actuar económico, social y cultural de los intendentes y gobernadores de facto. La historia de la apropiación de la tierra añorada comenzó a transmitirse y caló hondo en los más jóvenes, quienes se convirtieron en motor y sostén del reclamo. Conferencias, charlas, textos, blogs, juntadas y marchas comenzaban a gestar un clima de compromiso y esperanza. La vuelta a Boedo comenzaba a sumar adherentes de diversas procedencias y espacios: las Madres de Plaza de Mayo –quienes dedicaron una jornada en el ECUNHI (Ex. ESMA) a la discusión y difusión de la causa sanlorencista-, el Juez Zafaronni, diputados porteños y nacionales de distintas fracciones políticas y diversas personalidades de la cultura.
Volver a Boedo es, más allá o junto con el fervor por un equipo de fútbol, la posibilidad de reconstruir los lazos sociales y recuperar un espacio cultural y deportivo en el sur postergado de la Ciudad. Es la lucha por la victoria de lo comunitario sobre la fragmentación social. Es ver la resurrección de un barrio y sus protagonistas en el escenario de la calle y el club: los pibes jugando, los viejos reuniéndose, las familias celebrando los carnavales, los jóvenes en recitales y fiestas, los vecinos gestando programas de cultura popular como la biblioteca Osvaldo Soriano…  Es la primacía de la memoria sobre el olvido. Es un acto de justicia.
La peregrinación del sueño está en marcha. El jueves 8 de septiembre se aprobó en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires la conformación de la Comisión Especial que buscará que el Proyecto Social, Cultural y Deportivo de Reparación Histórica nacido de los hinchas y socios del Club San Lorenzo de Almagro sea tratado y aprobado. Dicho proyecto fue acompañado en su anterior presentación en la Comisión de Deportes por 40.000 simpatizantes del Club de Boedo frente a la Legislatura Porteña. Quizás éste sea el tiempo en el que las voluntades y las convicciones políticas se aúnen para hacer posible que, como dice Eduardo Bejuk, “en avenida La Plata, bajo el sol de una tarde cualquiera, un pibe se ponga en la fila para entrar a la cancha, mientras el viejo le acaricie la cabeza”.