"Un despliegue de maldá insolente" por M. Laura Izzo SOCIAL Nº11, septiembre 2011

Un despliegue de maldá insolente

“Si queremos una escuela Nacional y Popular
no permitamos que sigan con su farsa liberal.
Dale nomás, vamo´ a luchar
que en la victoria nos vamo´ a encontrar.
No dudes más, echate a andar
que la CTERA nos llama a triunfar”
Fragmento de “Cambalache de la educación”[1]


Por María Laura Izzo*

Luego de dichos y contradichos y tras varias lavadas de cara, ha llegado formalmente la invitación del Ministerio de Educación de la Ciudad a los maestros, para someterse a su “mecanismo de evaluación” (Clarín dixit). Antes que alguien levante su voz para decir que los docentes nos oponemos a ser evaluados per se, proponemos esta lectura que encierra contundentes argumentos por los cuales el conjunto de los trabajadores de la educación, nos oponemos a esta evaluación impuesta por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Decimos impuesta porque si bien intenta presentarse como amablemente voluntaria, es impuesta en tanto los docentes no hemos sido convocados para la discusión respecto a los contenidos, metodologías y sobre todo, los objetivos de dicha instancia. En este sentido, el enfoque de esta propuesta de evaluación es reduccionista, pues se centra en un único actor del sistema educativo, los docentes. De esta manera, no contempla las condiciones de enseñar y aprender, limitándose a la demagogia evaluativa. En una rápida analogía, sería como pretender mejorar la seguridad elevando los años de condena.
Los docentes de la ciudad de Buenos Aires organizados en la UTE (Unión de Trabajadores de la Educación) hemos evaluado (sí, lo hacemos todo el tiempo) y a partir de allí, elaborado muchas propuestas para el área primaria: la inclusión de pareja pedagógica, de preceptores, de celadores de comedor, cobro por hora cátedra, entre otras. En cuanto a la evaluación docente, entendemos que es una parte del proceso de capacitación y formación, y pensamos que esta debe ser gratuita, en servicio, regulada por el Estado y en ningún sentido punitiva. Reivindicaciones que hacen a la totalidad del sistema educativo, todas desoídas en contraposición con la instalación de temas que nos ponen en posición de resistencia permanente (paradójico para un jefe de gobierno que le pide victimizándose, diálogo a la presidenta).
Es interesante analizar que para lograr convocatoria y tras el posicionamiento fuertemente argumentado de los docentes en oposición a las propuestas, el discurso se ha ido moldeando a lo largo de los últimos meses. De “Los docentes deberán rendir evaluaciones de conocimiento y desempeño, cuyos resultados impactarán en su salario” (Declaraciones de Esteban Bullrich en Perfil, febrero 2011), a “conocernos más para enseñar mejor”, como es el lema de la campaña de difusión o “la única consecuencia será la posibilidad de obtener una puntaje”, tal como manifiesta la carta del ministro a los docentes  y  “el único objetivo de estas evaluaciones es recopilar información para aplicarla en la mejora de los procesos de enseñanza” (Bullrich en Clarín, agosto de 2011). Tras estas últimas declaraciones, pareciéramos coincidir en que la evaluación no es una política en sí misma, sino una herramienta para obtener información y lo que se lleva a cabo con ella es efectivamente la política.
Sin embargo, porque tenemos memoria, dudamos de las afirmaciones del ministro de educación, ya que dice querer mejorar y diversificar la oferta de formación del CePA, aunque bien conocida es la política de vaciamiento que la actual gestión ha llevado adelante con esta institución en la cual hoy en día se siguen cerrando cargos y cursos.
Dudamos, porque en este mismo sentido, esta gestión no tiene ninguna política respecto a la venta de cursos, paupérrimos en cuanto a la tan mentada calidad educativa.
Dudamos porque desconoce que los docentes ya somos evaluados año a año por las Juntas de Clasificación y por las conducciones de nuestras escuelas.
Dudamos porque desoyendo nuestras propuestas, pareciera temer a una distribución democrática del capital simbólico y querer configurar los mecanismos para igualarla a la distribución del sistema económico.
Dudamos porque a pocos días del cierre de inscripción a la evaluación llegó a las escuelas la información de que los docentes de segundo ciclo también podían inscribirse (cuando la convocatoria original lo era únicamente para los del primero), evidenciando aún más la improvisación de este poco serio “proyecto de mejora de la educación”. También llegaron cartas personalizadas a nuestros domicilios, con nuestros teléfonos celulares en el sobre (¿resabios de Ciro James?).
Dudamos porque el proyecto de creación del cargo “maestro de maestros”, cumple un papel de mero incentivo para alinearse a las tropas macristas, evadiendo los mecanismos estatutarios y desconoce el rol pedagógico de las conducciones de nuestras escuelas. Durante una mañana de agosto, en una entrevista con Víctor Hugo Morales, el ministro comentó livianamente (y me permito aquí parafrasear) que esta nueva figura alivianaría de su carga de trabajo pedagógico a los directivos, quienes tienen ya demasiada tarea administrativa. ¿Acaso no es desde su conocimiento pedagógico, conformado por su formación y experiencia, que los directivos ejercen su principal incidencia en el sistema? Con esto, la discusión que abre la creación del cargo maestro de maestros, es si lo que presenta como evaluación no es más bien el acceso a un cargo sin respetar el concurso docente. Por otra parte este cargo fomenta la competitividad e individualismo, promueve la escisión entre los compañeros; estas políticas apuntan a romper los lazos solidarios, cada cual corriendo tras unos puntos o unos pesos, no importa el caso. Sin tiempo de evaluar nuestras prácticas, de producir conocimiento. 
Y me permito seguir dudando porque al cierre de esta edición, los trabajadores de la educación de la Ciudad nos encontramos en estado de alerta, reuniéndonos a diario en plenarios por distrito para resistir un nuevo embate, la anulación del artículo 10° del Estatuto del Docente. Cabe aclarar que este artículo es nodal, es el motivo por el cual dicha herramienta legal fue creada. Este artículo establece la constitución de Juntas de Clasificación, quienes clasifican al personal por orden de mérito teniendo en cuenta sus títulos y antecedentes, para el acceso a los distintos cargos.  En suma, resguarda a los trabajadores  y a la Educación Pública de las designaciones arbitrarias de cualquier autoridad, colocando a la escuela pública por fuera del clientelismo del que salió gracias a la lucha de los docentes para lograrlo en el año 1958[1]. Sin él, el Estatuto pasa a ser una regulación del régimen de licencias. 
Este proyecto viene presentado nuevamente en una versión embellecida (ninguna de las explicaciones directas del precedente párrafo son mencionadas, claro) pero vacía de argumentos y llena de mentiras. Duran Barba sigue valiéndose de sus artilugios para encubrir el proyecto claramente neoliberal y dictatorial del gobierno macrista.
La estructura original  de este escrito fue pensada para un boletín que circula en las escuelas, y terminaba convocando al ministro y sus técnicos a discutir. Hoy, convoco a toda la comunidad educativa, a todos los docentes y padres a formar parte de esta lucha. Y anticipo a quienes en nombre de la calidad educativa vacían nuestra escuela y ningunean nuestra tarea, a la “opinión pública” que se deja engañar fácilmente con globitos de colores, que si en los próximos días decidimos; ante la negativa del Gobierno de la Ciudad de permitir el desarrollo de las elecciones de Junta, ante la posibilidad de que se nos arranquen cincuenta años de historia; tomar medidas de lucha, llámense seguramente paro; que quienes estamos día a día en la escuela trabajando, defendiéndola y recuperando el rol central del conocimiento, no dejamos de enseñar sino que enseñamos a luchar. Porque luchar tiene sentido.

*Maestra de 3° de la escuela 10 DE 8




[1] López, Eduardo. En el prólogo del Estatuto del Docente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

"Ferias (sud)americanas" por M. Laura Izzo CULTURA Nº11, septiembre 2011

 FERIAS (SUD)AMERICANAS 

Por María Laura Izzo

Caminaba con destino preciso por uno de los tantos Palermos que nos son ajenos (quien sabe cuál será su foráneo nombre propio) y una atmósfera de inquietante tranquilidad me perturbaba. Una pulcra desprolijidad, perfectamente planificada, acechaba desde las vidrieras que no eran más que ventanas para el transeúnte desprevenido, pero tampoco menos para una utilitaria sorpresa.
Cuando eso que rondaba se me hizo conciente y comenzó a ocupar el primer plano de todo pensamiento, logró inquietarme la impune serenidad con que los objetos exhibían su valor de mercado. Una remera confeccionada con medida idoneidad, era acompañada por un par de zapatos de apariencia incómoda; juntos pretendían confiscar un cuarto de mi sueldo.
Es claro que el uso social de la ropa no se limita a un elemento que protege al cuerpo de las vicisitudes climáticas, ni a la mente de los pudores de la desnudez que nos ha dado el devenir de nuestra cultura. También embellece, adorna, exalta; es una práctica ritual. Así como otras culturas pintaban la tierra con frutos y luego sus cuerpos con la tierra pintada, la ropa ofrece hoy variedad de colores, texturas y formas en infinidad de posibles combinaciones para el mismo fin.
Luego de nada engorrosas investigaciones he aprendido que el plusvalor en este caso está dado por la exclusividad de la prenda. Otro dato de mi poco metodológico, aunque eficaz, trabajo de campo fue que para algunas personas es una fuente de inacabada y contradictoriamente efímera felicidad, poseer un saco que nadie más puede tener; una objetable capacidad de disfrute.
De inmediato me acordé de las ferias americanas (dícese de lugares donde se pueden comprar artículos usados, como ropa o accesorios, a precios convenientes; es decir mucho más baratos). Aquí no hay lugar para el minimalismo, el transitar se hace escueto en un mar de camisas floreadas y zapatos encharolados. El barroco se anuncia a los ojos entre lunares y psicodelia. El armario póstumo de alguna tía, comparte el perchero con resabios de los ochenta y con algunos buzos que alguien decidió ayer que ya no necesitaba.   Apliques y bordados, puntillas, guardas y brillos, abundan en telas que van desde el algodón hasta la gabardina. La botamanga ancha y el “chupín” conviven sin inconveniente, de la misma manera que los colores cálidos y los fríos. El concepto de temporada pasada no existe.
También estos sitios ofrecen exclusividad; en la historia, en el costo y en diseño. Entra en juego además un componente dinámico, inexistente en otras circunstancias de intercambio mercantil. El comerciante no tiene el poder absoluto pues se enfrenta al comprador experto. Este es aquel que ha desarrollado una serie de destrezas que lo convierten en consumidor competente. Tiene el ojo entrenado de manera tal que siempre encuentra debajo de la pila de bollos, de disociabilidad dificultosa para el ojo medio, la prenda con el equilibrio perfecto entre calidad, estética, precio, utilidad y curva de oferta en decadencia. Cabe señalar además que ha desarrollado, entre otras habilidades, la actitud necesaria para vestirse con ella. Sabe también que puede tener la fortuna de hallar una pieza que podría catalogarse “de colección” a precios irrisorios, debido  a la variable ignorancia / desinterés en el tema por parte del vendedor y/o propietario; situación análoga a encontrar una primera edición de Cortázar a cuarenta pesos en un negocio de compra – venta de libros.
Ahora bien, cualquier excusa es buena para la novedad (que parece ser la premisa de consumo); el mercado ya no necesita de argumentos, ni siquiera ficticios. Y el valor del metro cuadrado puede regir el de la mercadería. Así, la camisola de la buena vecina de Pompeya puede verse sobrevaluada en una pseudo feria de Barrio Norte.
La reproducción en serie cosifica, tanto como la exagerada búsqueda de originalidad. Lo original es moda y por eso, repetido. Sin embargo, debo admitir que luzco con vanidad en mi económica pollera, producto de la fabricación seriada, un aplique de una preciosa flor violeta que le otorga canon de exclusividad; y gozo con la certeza de que nadie más puede tener una igual pues la tejió mi madre con sus manos y no me costó más que una tarde de mates en la que intercalé una sutil sugerencia.