"Nada es gratis en esta vida; alguien tiene que pagar" por Mauricio Amiel NUESTRA AMÉRICA NÚMERO 10, agosto 2011

 "NADA ES GRATIS EN ESTA VIDA; ALGUIEN TIENE QUE PAGAR"
Por Mauricio José Amiel
mauricioamiel@elpancholacoca.com

Así se dirige el presidente chileno a los estudiantes de su país, quienes en una histórica unión entre secundarios y terciarios, públicos y privados, están llevando adelante una lucha por cambiar de cuajo el sistema educativo chileno. Un sistema educativo que fue instalado durante la dictadura de Pinochet, gobierno que a su vez fue instalado por los ajedrecistas del capital internacional, banqueros y militares con alfiles políticos en la casa blanca, en la ONU, la OEA, en cada estado-nación del mundo. Algo sabemos nosotros sobre esto: aquí también se llevó adelante el plan de abrir las fronteras del país a la “libre” circulación de productos y divisas, de vaciar las instituciones públicas, de eliminar el disenso político, de eliminar a los “rojos” en todas las partes del mundo. La educación y la salud caen en la redada.Se hace un gran negocio al mismo tiempo que se garantiza que los que menos tienen no aprendan demasiado y que mueran si tienen algún problema grave de salud. El modelo está instalado en Estados Unidos: allá nadie tiene acceso gratuito ni a la educación superior ni a la salud. Existen planes para pagarlos. Como en Chile. El estado –o la universidad, así funciona comúnmente en Estados Unidos- te presta guita para que puedas entrar. Y la cosa no es sencilla si sos un laburante, podés estar media vida pagando los intereses del crédito. Y si sos pobre, no se te ocurra quebrarte una gamba ni querer ser médico. Hemos visto algunas películas de padres que viven juntando guita para que sus hijos puedan ir a una universidad. Matt Groening cada tanto saca una risa recurriendo a algún desmán con los “fondos para la universidad de Lisa”, o con la pobreza de los “estudiantes de pos-grado”, que luchan con las palomas para comer deshechos en las plazas. En chile, el sistema fue instalado a la letra del Banco Mundial. Para estudiar hay que pagar, y mucho. Pero el Estado no es tan malo, no. Como decíamos: si sos pobre, te presta guita. ¡Te la presta! Sí, como todo préstamo tiene un interés altísimo. Es decir que si hacés una carrera en 5 años, estás 15 pagando. Pero si no terminás tu carrera… estás 15 años pagando igual. El impuesto al perdedor. Al fracasado. En chile la educación superior es una cuestión de méritos, no de derecho.
Más allá de hacer una crónica de los sucesos acontecidos desde mayo de este año, cuando los “pingüinos” (no es que sean kirckneristas, así les llaman a lxs estudiante secundarixs) decidieron volver a la lucha, después de aquellas prometedoras movilizaciones de 100 mil estudiantes secundarios pidiendo la derogación de la “Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza” promulgada por el gobierno dictatorial de Pinochet en su último aliento y que, a propósito de la protesta, Bachelet sustituyó por la “Ley General de Educación” en 2009.  Ahora se les sumaron los que ya están en la educación superior y los padres. Y artistas y escritores de todos lados a través de comunicados en apoyo. A grandes rasgos el reclamo es claro: educación pública de calidad. Sin embargo el gobierno no se muestra dispuesto a cambiar su postura.  El ministro de Educación que estaba cuando comenzaron las movilizaciones, Joaquín Lavin, numerario del Opus Dei, renunció a la cartera de educación, y  fue movido a otro sector debido a su poca disposición al diálogo con las partes en pugna. El tipo que lo reemplazó, Felipe Bulnes, un conservador a tono con Piñera, se sentó a dialogar con los actores. El reclamo de los estudiantes es por: Reforma al sistema de ingreso a las universidades; aumento del gasto público en educación; democratización de la educación superior. El gobierno les propuso nada más un aumento en el presupuesto y un pegamento para pegar el parche. Lxs estudiantes no han aceptado y han vuelto a salir a la calle en dos ocasiones. Una de ellas, la del jueves 4 de agosto con más de 100 mil movilizados, es la que fue mundialmente televisada debido a la brutal represión que los “carabineros” llevaron a cabo haciendo recordar las brutales épocas de Pinochet, y que concluyeron con más de 800 detenidos en distintos puntos del país.  (Capítulo aparte merecería un análisis de cómo trataron este día los distintos productores de noticias del mundo: los padres del miedo de nuestro país titulaban sus noticias aludiendo tan sólo a la violencia y los disturbios, y desarrollaban la noticia centrando ahí el problema, y no en la también violenta exclusión que viven los estudiantes que no tienen la platita suficiente para ingresar a la universidad. Se cebaron sobre todo con el hecho de que la represión comenzó cuando los estudiantes decidieron ignorar que el gobierno les denegaba el permiso para marchar por la Alameda. Esa misma noche hubo cacerolazos y bocinazos en Santiago, repudiando la represión.. Para el martes que siguió se convocó a otra marcha que tuvo una masiva participación y en la que también hubo represión, pero ya un poco más sosegada la fuerza policial.
En estos días, el gobierno propone una mesa para dialogar con la CONFECH (Confederación de estudiantes de Chile, liderada por una joven referente del Partido Comunista, Camila Vallejo) al mismo tiempo que lleva adelante los proyectos de ley con los que se supone que dan respuesta a los reclamos: refinanciar créditos a estudiantes morosos, bajar los intereses (parches, parches y más parches) y -¡ay espíritu siempre presente de la dictadura! – aumentar la pena por disturbios en la vía pública de 341 días a 3 años.
Habrá que ver a dónde desemboca esta lucha, en un país donde los conservadores tienen un peso muy fuerte tanto en el parlamento como en la población, en el que el presidente hace declaraciones como la que abre la nota. Bastante más suave que la que hizo el presidente de su partido, que se refería a los estudiantes diciendo que eran “una manga de inútiles subversivos”, una retórica arraigada claramente en una ideología que se caga en el respeto por los derechos humanos.